Descubriendo la riqueza en los que menos tienen

Distrito de Yanatile, Departamento de Cuzco, Perú1 MesEducación de Calidad

Fui voluntaria un verano en el colegio de Monte Salvado donde me acogieron como parte de la familia. En Cuzco, nos recogieron en coche dos de los profesores para emprender un largo recorrido en coche atravesando la cordillera para llegar al Valle de Yanatile. El viaje fue toda una aventura puesto que las carreteras son muy precarias y hubo alguna odisea como quedarnos atrapados en la nieve y tener que pernoctar de improviso en una casa de acogida de otros salesianos.

Nuestra misión en el colegio era simple y a la vez tremendamente especial: formar parte de la vida diaria del colegio, dando un soplo de aire nuevo tanto a los encargados como a los niños. El colegio actuaba como internado para niños de familias desestructuradas o que vivían en zonas remotas de las montañas, lo que imposibilitaba que pudieran asistir al colegio diariamente. Otros niños venían solo por el día, incluso caminando varias horas a través de las montañas. 

Participábamos en todos los ámbitos del colegio, y los curas salesianos nos daban libertad para decidir en qué ámbitos y proyectos queríamos participar. Dimos clases a los niños, desde matemáticas, lengua o geografía, hasta tutorías y actividades para potenciar otros aspectos de su crecimiento personal. También ayudamos en las tareas diarias, hicimos excursiones, talleres, bailes y juegos. Preparamos una fiesta con espectáculos de los niños al que vinieron personas del pueblo cercano, creando un ambiente festivo muy necesario. Y, sobre todo, nos divertimos muchísimo con ellos, volviendo a ser unas niñas nosotras. Para los curas salesianos éramos un apoyo, tanto en sus tareas como por la posibilidad de romper su rutina habitual. Era importante para ellos sentirse menos solos en ese colegio remoto de las montañas peruanas.

Los niños, sin tener nada, eran a la vez tremendamente generosos con nosotras. No sólo ofreciéndonos su cariño desde el primer momento, sino incluso dándonos lo que casi ni tenían. Me impactó mucho el caso de una niña a la que estuve explicándole los deberes de matemáticas después de las clases, y que al día siguiente me sorprendió trayéndome una bolsa enorme de patatas en agradecimiento. Esta niña vivía con su familia de diez hermanos a cuatro horas a pie cruzando las montañas, que aquél día cruzó sin dudarlo con la pesada bolsa.

Otra parte muy importante de nuestras actividades fue visitar las comunidades de los alrededores que están aisladas y en las que los habitantes apenas tienen contacto con el exterior. Son comunidades muy pobres y es un choque de realidad fuerte. Uno de los mayores problemas que tiene esa zona de Perú son las malas comunicaciones, dejando a ciertas comunidades abandonadas por su aislamiento. Íbamos a las distintas aldeas en una pick-up, con la que íbamos recogiendo a las personas que nos cruzábamos a modo de taxistas improvisadas, algo muy habitual allí. Cuando llegábamos, reuníamos a todos los niños para organizar juegos y actividades. Éramos una auténtica novedad para ellos y era impactante ver la alegría y el calor con el que te recibían.

La labor que hacen los salesianos es admirable puesto que de ellos dependen las vidas de muchas personas. La educación que dan a los niños es su oportunidad para poder cambiar la vida que les habría tocado. Ponen mucho empeño en tratar de darles la mejor educación posible dentro de sus limitaciones, para construir una base que les permitirá dar un giro a sus vidas. Han creado una gran familia y las personas con las que hablábamos de los pueblos cercanos tenían un gran respeto y agradecimiento por su proyecto. Conocer de primera mano el trabajo que se está haciendo me hizo ver que de verdad existen personas especiales que dedican toda su vida y toda su energía a crear un mundo mejor.

Sin duda, lo mejor de la experiencia fue la cantidad de sonrisas que pudimos sacar en el mes que allí estuvimos. Desde el primer momento, se creó un vínculo muy fuerte con los niños, que rápidamente nos dieron su confianza y cariño e ilusión a raudales. Entras en sus vidas, te cuentan su historia, ves a través de sus ojos un mundo radicalmente distinto al tuyo. Es una experiencia dura, por las experiencias vitales que te cuentan, por salir de tu mundo de confort y enfrentarte a una realidad que existe pero que elegimos ignorar. Pero la recompensa personal merece de sobra la pena. Un mes puede parecer poco tiempo pero un voluntariado es una experiencia muy intensa en la que desde el primer día puedes marcar una diferencia. Aunque la realidad es que acaba cambiándote a ti

Escrito por

Escrito por

martavicentemaravall

Realizado con el apoyo de

Fundación Jóvenes y Desarrollo - ONGD Salesiana

Ubicación

Distrito de Yanatile, Departamento de Cuzco, Perú

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