Mozambique una experiencia sin igual

Chimoio, Manica, Mozambique3 MesesFin de la Pobreza

Mi Inspiración - Cómo conocí a Nilza y empecé a ayudar en Mozambique

Fue a través de D. Pepe Visiedo, sacerdote en la Parroquia de la Paz en Sevilla y antiguo misionero en África, que conseguí dar con la casa de Nilza, una señora portuguesa de 72 años que lleva prácticamente toda su vida en Mozambique ayudando a la comunidad de Soalpo, a las afueras de Chimoio.

Tras haber estado en algún viaje en África, llevaba desde siempre enamorada de su cultura, de sus paisajes y sobre todo, de su gente. Aún así, sentía que quería más, quería empaparme en su forma de vivir y aprender de la forma de pensar que todos comparten, y que tanta falta nos hace.

Es por eso, que en mi primer verano de carrera, con 19 años, me puse en contacto con Nilza a través de la asociación de lo Misioneros de África (Padres Blancos) , y aunque todo parecía demasiado a la aventura, pues Nilza nunca había recibido ningún voluntario en su casa, la experiencia fue insuperable.

Esta señora, que entregó su vida a Dios desde muy joven, ejerce de auxiliar apostólica dando su ayuda a la comunidad de Soalpo, donde a principios de su llegada aportaba cualquier tipo de ayuda a todos los habitantes que habían quedado más perjudicados tras la salida de la colonia portuguesa en Mozambique.

Curaba, cocinaba y enseñaba a pequeños y mayores, y su labor se fue ampliando con la recogida de niños abandonados o huérfanos que no tenían un hogar o una familia que le cuidase. Lo que empezó como una pequeña obra caritativa, acabó siendo su razón de vivir, y hoy Nilza tiene en su humilde casita a más de 15 niños, a quien alimenta y educa con una paciencia inagotable.

Nilza, y algunos de los niños huérfanos que ella cuidaba, una labor espectacular

Cuando el Padre Pepe me preguntó qué ayuda quería hacer en Mozambique y si hablaba portugués, pensé que estaba perdida, que sin un objetivo específico más que ayudar, y sin idea de hablar portugués; no iba a ser tan práctica. Pero el idioma nunca es barrera suficiente, y menos el portugués, tan parecido al español; y las ganas tan grandes de ayudar y darme a los demás era para el Padre Pepe razón suficiente para mandarme con Nilza 3 meses, el tiempo que duraba mi verano.

En la casa de Nilza ayudaba en todo lo que podía

Dado que Nilza nunca había recibido antes a jóvenes voluntarios, toda la experiencia fue tan nueva para mí como para ella. No existía ningún requisito en la estancia: ni temporal, ni económico, ni profesional. Esto me motivó aún más, ya que tras haber contactado varias ONG antes, me desanimaba el hecho de que no "necesitasen a nadie más" o que cobrasen cantidades de dinero altísimas por recibir a jóvenes que (tan sólo) quieren ofrecer sus vacaciones a personas que viven en condiciones tan pobres. Con Nilza me di cuenta de que la ayuda nunca sobra, y que no hace falta tener dinero para alojar a alguien, tan sólo un cuenquito de arroz más en el día a día y un muslito de pollo más los domingos.

En Mozambique la ayuda nunca sobra

La Experiencia - Cómo conseguí aportar un granito de arena los niños y mayores de la casa de Nilza

Qué difícil intentar resumir este huequito del baúl de los recuerdos, y más aún cuando no se trata de tres meses de un verano cualquiera con familia y amigos, donde la rutina y los planes de siempre no lo hacen menos especiales pero sí menos diferentes.

Nadie a mi alrededor lograba entender mi sueño pequeñito de irme a Mozambique a ayudar. Se salía un poco-mucho de lo normal, y se adentraba en lo desconocido, y aunque a mis padres les costó "una mijita" entenderlo, finalmente también conté con su visto bueno.

En julio de 2011 comenzaba a hacerse realidad este "sueño pequeñito", como yo le llamo. Llegué a casa de Nilza sin saber mucho de ella, de su forma y condiciones de vida, y sobre todo sin saber cual iba a ser mi trabajo allí. Sin embargo esa pequeña introducción que tenemos que hacer cuando llegamos a un lugar nuevo con gente nueva, fue mucho más fácil de lo que me esperaba.

Vovó Nilza, como es conocida por todo el que la conoce, aloja en su casa entre 8-12 niñas, que poco a poco van dejando la casa conforme van entrando en la universidad; pero la casa nunca queda vacía; desafortunadamente cada año entra alguna niña huérfana, a veces sólo de madre ya que debido a la poligamia, los padres se desentienden de los hijos que tienen con esa de sus mujeres que haya fallecido.

Nilza no sólo es madre de todas estas niñas, sino que también lleva adelante tres guarderías, y cuida de numerosas familias que no pueden permitirse comprar ni alimentos ni medicamentos.

Mi ayuda allí fue principalmente la enseñanza. Enseñar a leer y a escribir a los más pequeños, refuerzo de aprendizaje de los más mayores, e iniciar a los más avanzados con los idiomas. Cuando me refiero a los más mayores, no sólo incluyo a los jóvenes que están a punto de salir del colegio, sino también adultos que nunca tuvieron oportunidad de aprender, y el conocimiento que tienen de las mates, de geografía y de la vida misma es más humilde de lo que podemos imaginarnos. A pesar de la diversidad de edad, las ganas de aprender no variaban, estaban sedientos de conocimiento, y tenían una capacidad de concentración y memorización, que muchos ya quisiéramos tener.

Las ganas de aprender, y su felicidad mientras lo hacían era envidiable

Aquí podéis ver mi "dotes" de profesora

Foto a la salida del lugar donde dábamos las clases

Los fines de semana, podía ayudar algo más en las guarderías, donde ya desde muy pequeños se les intenta inculcar valores que sin Nilza quedarían olvidados.

Así ayudaba los fines de semana en la guardería, a los más pequeños

Cuando observaba el comportamiento de las personas, tanto mayores como pequeños, a veces no conseguía salir de mi asombro. Cómo seres humanos idénticos a nosotros tenían un instinto tan animal, tan natural; cómo lo que para nosotros en la sociedad ya es obvio, para ellos aún es extraño.

Pero también al contrario. Desbordan generosidad y la alegría más pura. No existe el yo. El otro siempre por delante. Tienen otro concepto de vida, nada es tan importante como para impedirles ser felices; tampoco la escasez de comida y de dinero; el trueque sigue siendo el medio que les permite negociar y cambiar tres plátanos por 1kg de harina. Las comunidades son grandes familias. Todos se conocen y todos se ayudan. El recibir llega antes que el pedir.

Me entusiasmaba constantemente ver tanto progreso, sobre todo teniendo en cuenta que partían de una base súper poderosa: el amor. Todo el mundo se quiere, y todo aquello que Nilza les enseñaba, aunque a veces demasiado difícil de entender por un alma animal, lo ponían en práctica inmediatamente.

Vovó Nilza, con los fondos de ayuda que recibe, mantiene todos sus proyectos, e incluso inventa algo nuevo cada año. El verano que estuve allí comenzamos las obras de una residencia de ancianos, y seis meses más tarde ya estaba en marcha y al completo.

No dejo de preguntarme cómo consigue hacerlo tan bien. Las niñas de casa podrían vivir en condiciones mucho más ventajosas que el resto de sus compañeras de clase, pero Nilza les educa de forma humilde, sin caprichos y sin demasiados mimos, siendo consciente de que pronto tendrán que estar preparadas para defenderse ante la realidad que todos en su entorno han ido afrontando desde pequeños.

Mi Tesoro - Cómo me llevé un auténtico tesoro del voluntariado

Han pasado casi cinco años ya, y no dejo de echar de menos "aquello". Esa forma de vida tan de verdad. Siento que no conseguí enseñarles o ayudarles tanto como ellos consiguieron conmigo. Esto empezó a darme vergüenza conforme me iba dando cuenta, y aún hoy me la sigue dando. Pero sólo así llegué al reconocimiento y la humildad. Parece que las sonrisas auténticas les son gratis, y por aquí nos resultan a veces más caras de la cuenta.

Aunque perdida a veces, conseguía encontrarme. Esos tres meses de voluntariado me hicieron un poquito más humana, dejar de pensar en mí misma tanto y conocer cuantísimas fuentes de felicidad existen.

Estos 3 meses de voluntariado me hicieron mucho más humana, y aprender a conocer nuevas fuentes de felicidad

Además deberías saber...

El otoño y el invierno (marzo-septiembre) son las dos temporadas más agradables para ir a Mozambique. No hay lluvias, y las temperaturas oscilan entren 20º y 30ºC.

No hay peligro de ningún tipo en la zona; Mozambique es un país sin guerra y tranquilo. La religión prevalece por encima de todo, ya sea la musulmana o la católica, lo que hace que no falte nunca el respeto, y nunca se llegue a la violencia o al robo. Si te gustaría viajar antes o después de tu voluntariado, te ánimo a hacerlo, los paisajes africanos son increíbles, y no es nada caro ni el transporte ni la comida.

De duración no hay mínimos. Un mes en ese otro mundo ya es una ayuda increíble, tanto para ellos como para ti. Si estas dudándolo, anímate, va a ser de las experiencias más bonitas de tu vida.

La Asociación con lo que lo hice

Fundada en 1868 los Padres Blancos es una sociedad de vida apostólica que, a diferencia de otras congregaciones cristianas, trabaja por la evangelización de África. Fue a partir de la hambruna campesina que se dio en este año, que dejó millones de víctimas y huérfanos en el norte africano, que la sociedad comenzó su obra de asistencia a las comunidades más desfavorecidas.

Aunque las primeras misiones se llevaron a cabo en el norte y centro de África, hoy en día todo el continente tiene al menos cuatro sedes en cada país ya sea de sacerdotes, monjas o auxiliares apostólicos.

Escrito por

Escrito por

loladaroca

Realizado con el apoyo de

Misioneros de África (Padres Blancos)

Ubicación

Chimoio, Manica, Mozambique

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