Calcuta - Oración y Servicio a Los Más Pobres Entre Los Pobres

Calcuta, Bengala Occidental, India1 MesFin de la Pobreza

“Todo lo no dado, es perdido” reza un proverbio indio que se lee en las primeras páginas de “La Ciudad de la Alegría”, la célebre novela que escribiera el francés Dominique Lapierre en 1985 y que relata las vivencias de sus personajes en un slum (barrio de chabolas) de Calcuta, India. Con más de veinticinco horas de vuelo que me tomó desde Santiago de Chile para llegar hasta Calcuta, aproveché de leer algunas páginas de este libro, el cual, como diría el Papa San Juan Pablo II, es “una lección de fe y de esperanza para el mundo”. Durante el viaje, me quedó dando vueltas en la cabeza aquel proverbio indio que parecía iba dirigido a mí; más adelante intentaré explicar por qué.

Sonrisas en los Slums de la Ciudad de la Alegría.

Ya en el descenso a eso de las seis de la mañana, hora local, pude ver desde la ventanilla del avión como el cielo azul semi-oscuro y el sol naranja de la mañana desaparecían, para dar paso a una densa nube de smog. De repente, el avión se aproximaba a Calcuta y desde el aire se podían apreciar construcciones sin terminar (para así evadir impuestos) y paneles fotovoltaicos ya al costado de la pista de aterrizaje. Llegaba a un aeropuerto moderno, ordenado y limpio, para luego subirme a uno de esos icónicos taxis Ambassador amarillos de Calcuta que Hindustan Motors produjo en India entre 1958 y 2014, sin alteración alguna. Las calles estaban repletas de peatones, autos, motos, camiones, tranvías, buses, tuc-tucs, y rickshaws (hombres en Calcuta que tiran una carreta para transportar pasajeros y mercancías), que iban en todas direcciones. Un ruido ensordecedor de bocinas hacía coro a este desorden que con un jet lag saca de quicios a cualquiera, pero que con el correr de los días pasa a formar parte del extraordinario y colorido panorama de Calcuta. En las veredas se podían ver muchos baños públicos totalmente descubiertos, personas en situación de calle tendidas sobre el concreto entre un mar de gente, otras cocinando en pequeñas cocinillas o lavando ropa con el agua que corría de los grifos, niños pidiendo dinero y alimento, plagas de ratones, mucha basura y mucho comercio ambulante; la pobreza y el hambre eran latentes. De vez en cuando aparecían también autos de alta gama circulando por estas calles que se hacían estrechas por el tráfico, donde cada cual iba haciendo su propio espacio como podía en este medio ambiente extremadamente denso. Combinaban con esos pocos automóviles de lujo algunos palacios y catedrales anglicanas, como el Victoria Memorial y la St. Paul Cathedral, entre otros edificios que son herencia de la arquitectura británica que marca un pasado colonial en la Ciudad de la Alegría. Recuerdo que en ese trayecto del aeropuerto hasta el Hotel Galaxy recién sentí que de verdad estaba en Calcuta, y en la soledad que significaba viajar en un taxi cuyo conductor no hablaba inglés, parecía que me hablaba a mí mismo: “Al fin estás en el lugar al que tanto habías querido venir”, al tiempo que -seguramente algo atónito- me preguntaba “¿Qué estoy haciendo acá?”

Un rickshaw transportando a una persona por Chittaranjan Ave. cerca de la estación de metro Girish Park en Calcuta.

 Así es Calcuta: una ciudad de contrastes que despierta todos los sentidos y que a primera vista choca bastante al occidental, pero que esconde lugares donde la desgracia y la miseria se encuentran con el amor y la esperanza. Me refiero especialmente a Casa Madre (Mother House) y a los hogares de acogida y dispensarios de las Misioneras de la Caridad. Las Misioneras de la Caridad es una congregación religiosa católica, que fue fundada por Santa Madre Teresa de Calcuta en 1950 y fue reconocida mundialmente como tal en 1965. Hacer un voluntariado en Calcuta va estrechamente relacionado con aprender sobre la vida de esta gran Santa universalmente conocida y admirada, quien vino a redefinir lo que es la caridad en el mundo, convirtiéndose en todo un referente para nuestros tiempos. La Ciudad de la Alegría rinde homenaje a la Madre Teresa en sus calles y servicios públicos, con los colores azul y blanco que caracterizan el sari de las Sisters.     

La estación de metro de Park Street, cerca de Sudder Street, está completamente orientada a Madre Teresa.                 

¡A lo que vine!

Camino que conduce a Mother House viniendo desde Sudder St. Al costado derecho de la foto se puede observar la carne de vacuno colgando de un travesaño.

Mother House se ubica en el medio de un barrio musulmán en Calcuta. En efecto, en sus calles aledañas se puede ver la venta de carne de vacuno a la intemperie, con los olores que eso conlleva, y cada cierto rato se escuchan los ritos musulmanes que comienzan puntualmente de madrugada. Hacen contraste a lo anterior algunas vacas que de vez en cuando circulan por esas mismas calles libremente -y atrevidamente (por tratarse de un barrio habitado predominantemente por musulmanes)-, en atención a que bajo la religión hindú la vaca es un regalo de los dioses, cuya matanza, comercialización y consumo, es todo un pecado para los hinduistas. Así conviven en Calcuta las diferentes religiones, hindú, musulmán y cristiana, en aparente armonía; sin embargo, no siempre fue así, y el 16 de agosto de 1946 se vivió el “Día de la Gran Masacre” en Calcuta, donde musulmanes e hindúes se enfrentaron influidos por consignas políticas de la época.

Una vaca buscando alimento entre la basura repartida en Alimuddin St. Al fondo, se aprecia una mezquita que da a esa misma calle. 

Camino a PremDan, otro centro de las Misioneras de la Caridad, que queda próximo a Casa Madre.

En Casa Madre se reúnen los voluntarios diariamente para asistir a misa a las 6:00 AM, y continuar con una sesión informativa y coordinativa, la que transcurre simultáneamente con breves oraciones para encomendar el día y un desayuno consistente en chai tea, pan del Russian Bakery y plátano. Allí también se encuentra la tumba de Santa Madre Teresa de Calcuta, sobre la cual se lee “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. La rutina del voluntario comienza, como decía, a las 6:00 AM y sigue luego en los distintos hogares de acogida hacia las ocho de la mañana (o más tarde según el turno sea de mañana o tarde). La misa de la mañana no es obligatoria, pero sugiero que los voluntarios intenten asistir para vivir la experiencia completa y la mayoría así lo hace, creyentes y no creyentes. Tampoco es obligatoria la adoración al santísimo por las tardes, pero igualmente son todos bienvenidos. Para la Madre Teresa la oración y el servicio son indisolubles: “El fruto del silencio es la oración; el fruto de la oración es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio y el fruto del servicio es la paz” nos decía Santa Madre Teresa de Calcuta.

La entrada de Casa Madre, ubicada en 54/A A.J.C. Bose Road, Calcuta.

Para hacer el voluntariado con las Misioneras de la Caridad, simplemente hay que tener ganas y disposición de entregar y hacer de todo (se puede ver información y requisitos aquí: https://www.motherteresa.org/espanol/active-sisters.html). El trabajo de los voluntarios transcurre todos los días de la semana, salvo el jueves que queda libre. Antes de trabajar en los centros, uno debe registrarse como voluntario presentándose, junto con el pasaporte, en Shishu Bhavan (Hogar de los Niños) a las 3:00 PM, un lunes, miércoles o viernes. Yo llegué en vísperas de Navidad y por esos días no hacían el registro, de manera excepcional, lo que no fue impedimento para ponerme a trabajar ya que obtuve un pase temporal por unos días, hasta que pude registrarme definitivamente. Navidad es una época muy bonita en Calcuta, y las Sisters la celebran con obras de teatro, coros, entrega de alimentos y frazadas en los slums, obras de caridad, y por supuesto, una misa muy especial el día de Navidad con todos los voluntarios. Yo me registré en DayaDan para el turno de mañana y en Nirmal Hriday (que significa “Inmaculado Corazón”), para el turno de tarde. Este último centro, fue el primero que estableció Santa Madre Teresa de Calcuta y se conoce también como Kalighat por su cercanía con el templo hindú de Kali. Pero principalmente me referiré a DayaDan, ya que fue en este hogar donde concentré mayormente mi voluntariado. Es muy agotador hacer dos turnos (aunque muchas veces toca), por lo que solo ocasionalmente fui a Nirmal Hriday.

DAYADAN

Portón de DayaDan. Los voluntarios no estamos autorizados para publicar fotos del hogar, por respeto a la privacidad e intimidad de los niños. 

DayaDan es un hogar de niños con capacidades diferentes que han sido abandonados o entregados por sus padres al cuidado de las Sisters, o bien han sido entregados –para el mismo propósito- por la policía que los ha recogido de las calles o estaciones de trenes (el tráfico de menores para el comercio sexual es un tema que preocupa en India y los niños perdidos son blanco fácil de proxenetas). Recuerdo perfectamente una ocasión en que nos encontramos con un nuevo integrante en el hogar: se trataba de un lactante que tenía labio leporino y había sido dejado por sus padres de noche frente a la puerta del hogar, en un canasto con una nota que decía el nombre y la información básica del niño. Algunos niños del hogar muestran marcas de haber sido claramente golpeados y maltratados. El hogar también cuenta con un dispensario al costado, donde se hacen curaciones y se distribuyen medicamentos entre los vecinos del barrio. En la cultura hindú, las personas creen en las castas y en la reencarnación (por eso los muchos mausoleos que se pueden encontrar en India), y el hecho de que una familia tenga un niño con autismo, discapacidad, parálisis física y/o mental, o que padezca algún tipo de retraso mental, es visto por algunos como una deshonra o maldición. Lo anterior, porque interpretarían ese hecho como un castigo de alguien que no se portó bien en su vida pasada. De todos modos, no hay que generalizar, ya que hay muchas familias hindúes que no reaccionan de esa forma. Sin ir más lejos, las masis (“tías” en Bengalí) y algunos vecinos anónimos del hogar que son hinduistas, hacen una tremenda contribución en DayaDan.

Almorzando con las masis de DayaDan un día que me tocó doble turno. 

A las 8:30 AM llegan los voluntarios del turno de la mañana para hacer de todo. Desde Casa Madre toma un buen rato y debe tomarse primero un bus y luego un tuc-tuc para llegar hasta DayaDan. La otra alternativa es por metro que conecta hacia Sudder Street. Llegábamos y los niños ya estaban listos y salían a recibirnos con tremenda alegría –“brother” y “uncle” nos decían los que podían hablar y sabían inglés. Las masis (así se les llama a las colaboradoras del hogar) y las Sisters ya habían vestido a los niños y les habían dado desayuno, en una jornada que para ellos empieza a eso de las cinco de la mañana. A nosotros nos correspondía ponernos a disposición de la Sister a cargo del grupo de niños que queda en el primer piso (en un segundo piso estaban las niñas). Las tareas eran propias a las de una casa familiar: debíamos lavar ropa a mano, tenderla en la azotea, compartir y jugar con los niños en su tiempo libre, ayudarles en sus tareas (algunos van al colegio y otros tienen clases especiales en el hogar), darles de comer, acostarlos al final del turno, hacer tareas de limpieza, asistir a los kinesiólogos y masajistas en los ejercicios y masajes que se deben realizar en algunos niños con parálisis, y un largo etcétera. En pocas palabras, había que entregar cariño a los niños. Recuerdo que en mi primer día la Sister me encargó ayudar a uno de los niños con sus tareas de matemáticas. Debido a mi profesión no veía un ejercicio matemático en años (no tantos en todo caso), lo que representaba un tremendo desafío. Sin embargo, sorprendentemente algo recordaba, pero mayor fue la sorpresa al constatar la sobresaliente inteligencia de este niño. Esas clases me permitieron entablar una confianza especial con él, al punto que ya de regreso a Chile me llegó un mensaje por Whatsapp de un voluntario francés que decía que este niño me recordaba mucho, estaba muy pendiente de mí y me enviaba saludos. La última conversación que tuve con ese niño fue en mi despedida, cuando me preguntó si algún día volvería a DayaDan. La experiencia es muy gratificante y es impresionante como uno haciendo pequeñas cosas puede generar cambios importantes. Darles de comer era tarea difícil. Algunos podían comer solos, pero otros no. Tomaba un buen tiempo -una hora fácilmente- pero era una oportunidad preciosa para de algún modo “conversar” a solas con ese niño que tenías sentado en frente, que no hablaba y a veces tampoco reaccionaba.

Con mi amigo Bibi Chokolat, siempre presente en las afueras de DayaDan.

Para Navidad preparamos una obra de teatro con los niños y hubo entrega de regalos con viejo pascuero incluido. Por razones circunstanciales no me tocó participar a mí, pero cuando los niños que asisten al colegio están de vacaciones se hacen actividades extra programáticas como paseos al parque y salidas a museos.

Puente de Howrah sobre el río Hooghly. Al otro lado, se encuentra el distrito de Howrah y la estación de trenes.

El "Flower Market" de Calcuta.

Este hogar se ubica a pasos del Mercado de Las Flores de Calcuta y del puente de Howrah que cruza el río Hooghly, un brazo del río sagrado Ganges que atraviesa Varanasi. Dicho puente conecta directamente con la Estación de Trenes de Howrah que muchos podrán identificar con la película “Camino a Casa”. Por las calles que rodean DayaDan se pueden ver con frecuencia restos fúnebres que son transportados –algunos de forma descubierta- a los ghats situados a las orillas del Hooghly, para ser cremados y/o arrojados al río sagrado (según corresponda a cada cual conforme a la religión hindú).

NIRMAL HRIDAY

Nirmal Hriday o Kalighat es un hogar de moribundos (más bien un hospital pequeño) de las Misioneras de la Caridad. Allí, la tarea es acompañar a los que están a punto de morir en las calles, para que lo hagan de una manera digna en un refugio y sin caer en la desesperanza. Quizás la mejor manera de explicar esta labor sea citando las palabras de uno de esos hombres que la Madre Teresa había recogido en la calle, quien le dijo sonriendo: “He vivido como un miserable, pero muero como un rey”. En muchas ocasiones, la última cara que verán y la última voz que escucharán los pacientes aquí, será la de un voluntario. Este centro cuenta con una enfermería donde se realizan curaciones y tratamientos médicos, y también con camas y un comedor donde se da alimento a “los más pobres entre los pobres”.

La primera vez que fui a este lugar, acompañé a Rafael, un voluntario español que lleva años viniendo sin falta a Nirmal Hriday para afeitar y cortar el pelo a las personas que acuden a este centro. Ha ido tantas veces, que hasta tiene un casillero donde guarda sus pertenencias para la próxima vez que vuelva. Me explicó todo en el camino que hicimos en bus: el significado del lugar y las dificultades que tuvo Madre Teresa con la comunidad y las autoridades que se estremecieron con lo que oían del lugar cuando se estableció el 22 de agosto de 1952. Al acercarnos al centro, Rafael saludó a una comerciante que lo reconoció inmediatamente. Luego, una madre acompañada de sus hijos entabló una conversación con Rafael; claramente Rafael es todo un personaje y lo conocen muy bien en Calcuta. Lo anterior, aun con las limitaciones existentes, ya que -no lo había comentado- en Calcuta se habla bengalí (queda en el Estado de West Bengal, vecino de Bangladesh), hindi -obviamente- e inglés (fue capital de la India colonial del Imperio Británico antes que Nueva Delhi).

En este centro asistencial hay un sector para las mujeres y otro para los hombres. Me tocaron tareas que nunca pensé que iba a poder hacer, como por ejemplo limpiar las llagas a un anciano en todo su cuerpo, bañarlo, y alimentar a una persona por medio de sonda. A los pacientes que llegan a Kalighat les afectan principalmente infecciones como la tuberculosis y otras que me resultan desconocidas. Impacta ver que también lleguen mujeres con graves quemaduras en su rostro y cuerpo que son causadas con frecuencia por hombres de su círculo cercano de manera intencional con ácido, y motivadas por ataques de celos. No entraré en mayores descripciones ni detalles de lo que hice y lo que vi, ya que es una experiencia que cada voluntario debe vivir personalmente. Además -como lo hice ver más arriba-, tampoco acudí muchas veces a este lugar, por lo que mi visión es limitada. Con todo, es definitivamente un lugar muy especial, y a mí me permitió ver las distintas caras de una misma realidad. Por una parte, pude compartir con niños en DayaDan donde se respira alegría y se les trata de brindar una vida acogedora y familiar que por destino no les tocó, y por la otra parte, pude acompañar a moribundos que habían sido abandonados a su suerte para enfrentar la muerte -la que (de no poder evitarse) será digna gracias a la labor de las Sisters y los voluntarios. En esos momentos reflexionaba y mi preocupación era –y la es aún- que esos niños no envejecieran en el abandono.

SHANTINAGAR

Foto que retrató la visita que hicimos varios voluntarios a Shantinagar, cuyo frontis se alcanza a apreciar más atrás, al otro lado de la línea férrea. 

Shantinagar significa “Ciudad de Paz” y es una villa de leprosos en las afueras de Calcuta. Uno tiende a asociar la lepra a los relatos bíblicos, según los cuales quienes padecían de lepra representaban lo peor de la sociedad hace dos mil años atrás, y por eso eran fuertemente discriminados. Sin embargo, esta enfermedad sigue vigente y Calcuta muestra uno de los índices más altos en el mundo. Shantinagar fue fundada por Santa Madre Teresa de Calcuta, y allí viven y trabajan leprosos, y en algunos casos familias completas, donde se les hacen curaciones y tratamientos. No está permitido a los voluntarios hacer su servicio aquí, pero si se coordinan visitas de voluntarios para compartir un momento con los leprosos. Es un centro al que vale la pena ir y, parafraseando a una prima que fue antes que yo a Calcuta, uno debe ir a este lugar sin mucha información y sorprenderse. Desde luego, se toman todas las precauciones y los voluntarios interactuamos con leprosos que ya están bajo tratamiento, de manera que la enfermedad no resulta contagiosa.

Además, es en este lugar donde se confeccionan los saris de las Sisters. Estos saris –que tejen los leprosos- son blancos con tres líneas azules, lo que tiene significados: el color blanco del sari es un signo más de pobreza, ya que es el color más barato para una tenida, y las tres líneas azules representan los tres votos que hacen las Sisters, el de pobreza, el de obediencia y el de castidad. Pero este último voto, el de castidad, es la línea más ancha de todas, ya que se extiende a un cuarto voto que incorporó Santa Madre Teresa de Calcuta: el de la caridad. Se extiende de la castidad, ya que simboliza una entrega hasta el extremo. De esta forma, con el corazón puro, uno puede ver a “Cristo disfrazado de pobre” representado en cada enfermo y en cada moribundo, enseñaba la Madre Teresa.

Alojamiento y Distracción

Con Daniel, Chema (España) y Sofía (México), en el RAJ Spanish Café.

Hay varios lugares donde los voluntarios alojan y mucha de esa información la pueden encontrar aquí: https://www.motherteresa.org/07_family/Volunteering/v_cal-sp.html.

Quizás esa página puede requerir de una actualización, pero esta no será muy diferente. Cuando comencé mi viaje en Chile pensaba alojarme en algún lugar en Sudder Street, y según recomendaciones el “Hotel María” parecía ser una buena opción. Sin embargo, por una razón providencial, me contacté –una semana antes de partir- con Andrés Valenzuela, un chileno que había estado en Calcuta haciendo voluntariado en DayaDan por un año y que de hecho regresaba para encontrarnos de nuevo allá. Él me sugirió quedarme en el Hotel Galaxy y resultó ser una muy buena idea. Sudder Street es un barrio entretenido y muy bohemio, que se encuentra cerca del New Market. Las imágenes valen más que mil palabras, y este video sobre Sudder Street es de gran ayuda (me lo mostró Andrés antes de partir): https://youtu.be/tAiaKqaWNWk. Cerca del mercado se puede encontrar el Khalsa, un restaurante de comida típica india (punyabí para ser más exactos) donde siempre hay voluntarios comiendo un veg thali y tomando un lassi, por nombrar algunas opciones, y si no hay voluntarios allí, seguramente están al frente tomando un Chai Tea en uno de los tantos puestos que hay por Madge Ln. En Sudder Street los lugares de reunión más concurridos por los voluntarios son el RAJ Spanish Café, y en menor medida el Blue Sky Café. Desde esta calle hasta Casa Madre, toma alrededor de 20 minutos caminando por Marquis St. También alojé unos días en el B.M.S., que queda más cerca de Mother House (menos de dos minutos caminando por la misma avenida), es más tranquilo que Sudder Street y cuenta con áreas verdes. Frente a Mother House hay un restaurante donde se venden kati rolls, el cual también es muy concurrido por voluntarios. La “onda” / “vibra” que se genera entre los voluntarios es muy buena, se pasa bien, se divierte y también se hacen buenas reflexiones. Les garantizo que en Calcuta encontrarán solo personas geniales, de todas las edades, creencias y nacionalidades.

“Voy y Vuelvo”

¿Recuerdan la frase con que comencé este relato? Bueno, el día que llegué al Hotel Galaxy con mi mochila, encontré nuevamente ese proverbio indio escrito en un muro donde los voluntarios dejan sus recuerdos. Intentaré ser breve y preciso sobre esto (aunque es difícil de transmitir): la primera vez que escuché de experiencias en Calcuta era aún un estudiante universitario, y por alguna razón me llamaron poderosamente la atención. Ya fuera de la universidad esa idea fue volviendo a mi cabeza cada vez con mayor intensidad, al punto que estuve a nada de hacer este viaje unos cuantos años antes (en 2012). Pero en mi cabeza me preguntaba “¿por qué tendría que ir tan lejos?”; “acá (en Chile) también se puede ayudar y así lo he hecho muchas veces por lo demás”. Finalmente, el viaje lo hice y resultó en el momento preciso en que debía hacerse, pero reconozco que estuve siempre muy inseguro y dubitativo frente a esta idea de hacer un voluntariado en India. Parecía una locura y me trataba de justificar a mí mismo con una idea similar a una de las interpretaciones que pude sacar apresuradamente de ese proverbio indio; algo así como “hagamos esto aun sin tener claridad, y por último si descubres que no era para ti, de todas formas habrás hecho un bien”. Sin embargo, esta experiencia dejó muchas lecciones que trascienden al hecho de dar a otros en el extranjero (y recibir mucho más de ellos), y que suponen, en muy pocas palabras, el desafío de encontrar Calcuta y servir en cada lugar. Me refiero -en sentido metafórico por supuesto- a la pobreza que a menudo no vemos en nuestras sociedades (especialmente en Occidente), y que se disfraza de distintas formas que no son necesariamente materiales. Esta experiencia es algo diferente a todo lo que había hecho antes, y el choque cultural obviamente que hace lo suyo y permite que distingamos mejor en nuestra realidad occidental los sufrimientos y miserias que muchas veces pasan desapercibidas, por el solo hecho de no exteriorizarse. Al poco andar en India dejé de pensar en razones, y noté que estaba viviendo un nuevo aprendizaje, para lo cual debía ser dócil. Santa Madre Teresa de Calcuta se definía a sí misma como “un lápiz en manos de Dios” (hago esta cita como un ejemplo a seguir que es Madre Teresa, sin ánimo de hacer creer que yo haya logrado aprender a vivir de esa manera ni mucho menos).

En el RAJ Spanish Café los voluntarios acostumbran a escribir mensajes en las paredes y el techo; Chema, por ejemplo, dejó escrito “mapayuda.org”. Cuando llegó mi oportunidad, sin pensarlo escribí “voy y vuelvo”. Mucho se atribuye esta frase a Nicanor Parra, pero la verdad es que su origen es popular. Es una frase que, a pesar de manifestar una voluntad, tiene poco de eso ya que se abusa de ella para situaciones que a menudo escapan de nuestro control. Lo anterior ocurre a tal punto en Chile, que hasta hubo un programa de televisión que se titulaba con esa frase para relatar historias de chilenos que están repartidos por el mundo, y que llegaron allí sin proponérselo. Un día partieron de vacaciones al extranjero y terminaron viviendo allí por años, sin jamás regresar. Mirando las cosas en retrospectiva, hoy “voy y vuelvo” lo complemento con aquel proverbio indio y todo me hace mucho más sentido, y es que uno pone muchas trabas en la vida buscando razones y privilegiando seguridades, pero la única forma de crecer y contribuir en la vida es siendo mansos y arriesgando, así como lo hizo la Madre Teresa toda su vida. La Madre Teresa tuvo una actitud no posesiva en las relaciones humanas, estuvo siempre dispuesta, y confió su destino a la providencia con total desapego y firme decisión. ¡Su contribución está a la vista! Aunque esta interpretación de mi "voy y vuelvo" no es literal y de hecho la hice con el paso del tiempo, espero cumplir algún día con mi palabra y volver a Calcuta. ¡Qué paradoja! tantos obstáculos puse y hoy me encantaría revivir esta experiencia.

El Papa San Juan Pablo II diría sobre la Madre Teresa: “Al recorrer incansablemente los caminos del mundo, la Madre Teresa ha marcado la historia de nuestro siglo (el XX): defendió con valentía la vida; sirvió a todos los seres humanos, promoviendo siempre el respeto de su dignidad; hizo que los “perdedores de la vida” sintiesen la ternura de Dios, Padre Amoroso de todas sus criaturas”. Asimismo, dijo: “Semejante caridad y semejante don de sí misma por amor a Cristo desafían al mundo, un mundo mucho más familiarizado con el egoísmo y el hedonismo”.

Escrito por

Escrito por

NicolasReyes

Realizado con el apoyo de

Misioneras de la Caridad

Ubicación

Calcuta, Bengala Occidental, India

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