COLOMBIA ES MUCHO MÁS BONITO CUANDO LO VIVES.

Santa Marta, Magdalena, Colombia1 MesDiarioSalud y Bienestar

Ahora que estoy escribiendo sobre mi voluntariado en Colombia, solamente puedo pensar en lo grata que fue esta experiencia tan bonita.

El mes de julio del año 2017 tomé la decisión de irme de voluntariado con unas amigas, en una asociación religiosa llamada Hakuna. Desde la carrera he seguido las cosas que hacían, porque nace de jóvenes que quieren hacer grandes cosas por y para el mundo. Y tenía muchas ganas de participar en uno de sus compartiriados, porque básicamente la experiencia se basa en darte a ti mismo y COMPARTIR. 

Después de una celebración de misa con Susan y su amiga.

¿POR QUÉ IRME? 

Esta experiencia la hice cuando acabé la carrera y antes de empezar a opositar, ya que sabía que después no tendría ni el tiempo ni la mente preparada para hacer algo de este tipo. Así que sin ningún momento de flaqueza (siendo sincera) y desde la más absoluta ignorancia (también hay que decirlo), nos apuntamos. Siempre sentí que Hakuna era, para mi y por mis ideas de ver y entender la vida, el mejor sitio para hacer una experiencia así. Soy Cristiana, creo en Dios, y quería disfrutar de algo así acompañada de jóvenes que apuestan y creen en lo mismo que yo. Espiritualmente me ayudó mucho a ver la vida de otra manera. 

A COLOMBIA QUE NOS FUIMOS

Todo esto tuvo lugar en la ciudad costera de Santa Marta, muy cerca de Barranquilla y Cartagena de Indias. Nos apetecía mucho ese país, ya que una de las cosas que tuvimos en cuenta fue el idioma. Queríamos conectar al 100% con la gente de allí, y pensamos que si todos hablábamos el mismo idioma, sería mucho más fácil. También tuvimos en cuenta la riqueza natural del país, porque también la disfrutamos en algunas excursiones que hicimos. Y fue BRUTAL.

Antes de irnos nos aseguramos de tener todas las vacunas puestas; fiebre amarilla, triple virica y hepatitis A. 

NUESTRO DÍA A DÍA

Nos organizamos de la siguiente manera; cada semana nos íbamos a barrios de la zona distintos, barrios pobres en los que nuestra tarea principal era ayudar en lo que hiciera falta. Las cosas que más hacíamos era acompañar y estar con personas mayores, los que estudiaban medicina o enfermería les ayudaban si tenían algún problema de salud, jugábamos con los niños en la calle, alguno que otro participó en la obra de una casa, ayudábamos a las madres con sus bebés, los que estudiaban magisterio se ofrecían en los coles para ayudar a los profes (en Colombia gracias a Dios la educación es gratuita, y hay tantos niños y tan pocos colegios que la ayuda era bastante bien recibida) y sabíamos que al ser barrios pobres podíamos encontrarnos con personas discapacitadas, como así fue. Cuando nos encontrábamos algo así, intentábamos involucrarnos al máximo en el cuidado de la persona, procurando que estuviera lo mejor atendida y acompañada posible.

A mi personalmente me pasó en tres barrios distintos; el primero en El Barrio de La Paz, un niño que se llamaba Emmanuel, tuvo al nacer una hidrocefalia, y era imposible que se moviera por si solo. Por eso decidimos que todas las mañanas iríamos a ayudar a su madre con el baño y el desayuno. También en este barrio descubrí a una niña maravillosa, Susan, que tenía muchas ganas de comerse el mundo. Tenía 15 años y tenía muy claras sus ideas; quería ser policia, algo que en Colombia resulta un poco complicado y más si eres mujer). 

El Segundo fue en El Barrio de Cristo Rey, donde descubrimos a un hombre que iba en silla de ruedas y que no podía ni andar ni hablar por un balazo que le dieron en la cabeza la guerrilla colombiana. Se veía un hombre feliz, y que a pesar de todo, ahí seguía viviendo y recorriendo las calles del barrio tan ricamente. Era una historia dura, pero al mirarle el dolor quedaba en un segundo plano.

Y el tercero fue en un barrio que no recuerdo cómo se llamaba, pero que estaba formada por casas dadas por el gobierno a personas de un barrio muy pobre, consiguiendo mejorar su calidad de vida. Allí descubrimos a Luz, una niña que también nació con una hidrocefalia importante, que la dejaba en una cama todo el día. Y por eso también decidimos ayudar todos los dias a su madre con la niña y las tareas de la casa.

Una de las típicas casas que había en los barrios.

Una cosa que abundaba en nuestro día a día eran familias completamente desestructuradas. Madres solteras que se quedaron embarazadas siendo adolescentes, matrimonios por conveniencia familiar, niños huérfanos que vivían con sus abuelos muy mayores, padres y madres exdrogadictos o alcohólicos... situaciones que impactaban y de las que aprendimos también mucho, como no. Al final este tipo de experiencias te aportan más a ti personalmente que lo que llegas a darle tú a ellos. 

Con una familia muy maja que nos preparó un batido de una fruta muy conocida en Colombia y que queríamos probar: el lulo.

DESCUBRIENDO EL PAÍS 

Durante la semana, tuvimos la suerte de que los propios jóvenes de la Iglesia nos acompañaban en nuestro recorrido. Gracias a ellos sabíamos dónde podíamos ayudar más y qué era lo que más hacía falta. De hecho nos hicimos muy amigos y alguna tarde nos fuimos con ellos a la playa. 

Los fines de semana aprovechábamos y nos íbamos de súper excursión. No cualquier excursión la verdad, eran un poco duras físicamente, pero merecía mucho la pena, no solo por vistas que tenías tras seis horas de subida constante y con clima húmedo y con altas temperaturas, sino por la satisfacción personal de llegar a la cima, mirar hacia atrás y sentirte orgulloso de todo lo que habías conseguido hacer. De nada servía quejarte, y eso es algo que también aprendes para la vida. Trabajar, ir poco a poco y sin parar y tener un objetivo claro. 

Los paisajes que nos encontrábamos en las excursiones.

EXPERIENCIA PERSONAL 

Siempre tuve claro que en algún momento de mi vida quería hacer algo así. Y a día de hoy puedo decir que lo volveré a hacer. 

Al principio me costó un poco todo: el calor extremo, dormir poco y en una gomaespuma, las picaduras de insectos, vivir 8 niñas en una habitación muy pequeña, comer poco... pero ya llego un momento en el que todo eso daba exactamente igual. Es más, al final de la experiencia, lo agradecí mucho.

Una de las cosas más divertidas fue disfrutar con la música. Por un lado, en las casas de los colombianos no falta un altavoz, por lo que ibas por las calles literalmente, bailando con la gente. Y por otro lado, Hakuna reza con música. Y es precioso ver a tantos jóvenes rezar con una canción dedicada al señor. Vivimos  lo que cantamos y cantamos lo que vivimos. 

Foto con una de las familias con las que estuvimos cocinando y bailando.

Y AL FINAL...

Al final todo salió como debía de salir, del revés. Aunque en el buen sentido, obviamente. Estas cosas te rompen todos los esquemas, pero a mejor. Conectas con la gente de allí, pero también mucho con los otros voluntarios. Además, al ser todos más o menos de la misma edad, fue mucho más fácil congeniar y tener cosas en común. También disfrutamos las actividades que hacíamos entre nosotros; hicimos alguna fiesta, misas, horas santas, charlas sobre la Fe... actividades al fin y al cabo enriquecedoras para todos.

De Colombia me llevo muchas cosas, pero sobretodo me llevo el cariño de los que estaban allí. La cultura y su estilo de vida fue lo que a primera voz me sorprendió, pero con lo que me quedo es con la cercanía, la confianza y el trato que recibimos de ellos.

Escrito por

Escrito por

Lulunett

Realizado con el apoyo de

Asociación Hakuna

Ubicación

Santa Marta, Magdalena, Colombia

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