Vive el momento, vive Malawi

Mvera Mission, Distrito de Dowa, Malaui1 MesFin de la Pobreza

Mi voluntariado en Malawi lo hice a través de una prima, fundadora de Helping Malawi, una organización que se creó hace 5 años para promover y desarrollar proyectos humanitarios. Fue ella la que me puso en contacto con Victoria Cobos, una de las monjas misioneras que lleva trabajando en áfrica más de 30 años.

Después de haber estado en Calcuta ayudando en uno de los centros de la Madre Teresa, supe que era una experiencia que quería repetir sin dudarlo. Estuve a punto de volver a la India, pero después de conocer desde aquí la labor de las Sisters en Malawi no lo dude ni un minuto.

Chezi lleva más de 15 años acogiendo a voluntarios de distintas nacionalidades, de hecho, la misión cuenta con una casa especialmente para los voluntarios. ésta consta de un saloncito, 3 habitaciones, cocina, baño y la zona donde se lava la ropa.

En los centros de vacunación de vuestra ciudad os recomendarán las vacunas necesarias para viajar a Malawi, seguid a rajatabla sus recomendaciones. Importante que os toméis la pastilla de la malaria durante el voluntariado y un mes después de volver si tomáis “Lariam” o durante una semana después en el caso del “Malarone”. Desde noviembre hasta mayo más o menos es la época de lluvia, llevad chubasquero y zapatos de suela gorda o especiales para la lluvia. Malawi no es peligroso y no es un país en guerra por lo que os animo a que viajéis por el país y no iros sin visitar y bañaros en el Lake Malawi. Planchad siempre la ropa, es la única forma de eliminar por completo los huevos que ponen en la ropa húmeda una especie de mosca africana, estos huevos se meten por la piel creándoos gusanos y una posterior infección. La estancia mínima en la misión es de 3 meses.

Los voluntarios que sean médicos y quieran ir a ejercer la medicina en el “hospital” de la misión, necesitan antes una serie de papeles que otorga el gobierno malawiano para que puedas ejercer como tal. Con este tema son muy tajantes tanto el gobierno como las Sisters de la misión.

¡Qué difícil tener que resumir tanto en tan poco!

Creo que aunque lo intentara, se me haría complicado poder contaros algunos detalles de esta experiencia y que podáis sentir a través de mis palabras el sentimiento que Malawi te crea.

La fundación Oriol Miranda (fundada en España en 2001) donó al colegio St Mathias (a 10 minutos andando de la misión) a través de las hermanas de Maria Mediadora, una “library” donde los alumnos y gente de los poblados de alrededor pueden leer libremente y donde los voluntarios realizamos clases de refuerzo a los niños de diferentes cursos. Normalmente en África los niños que llegan nuevos, independientemente de su nivel, los ponen con los niños de su edad y suelen atrasarse en el curso, es aquí donde nosotros nos involucramos intentando ayudar a estos niños para que no se sientan tan perdidos respecto a sus compañeros.

Aparte de las clases en el colegio, en la misión también se dan clases de “computer”, se enseña a las niñas más mayores a bailar (sevillanas en mi caso), a aprender a hacer gimnasia o algún deporte y a ayudar en “nursery” con los más pequeños. Todo esto sin contar con los pequeños favores que las Sisters te puedan pedir que para mí eran encargos sagrados y los hacía encantada de la vida.

Es tal la entrega por parte de las Sisters, no solo con los niños sino también con nosotros los voluntarios. Te hacen sentir parte de la familia desde el principio, te escuchan, te aconsejan, te explican...he tenido tantos momentos bonitos con ellas y me han ayudado tanto personalmente, que sin duda ellas están en mi top 5. Son dignas de admiración y respeto y no podía escribir esto sin mencionar su bondad y sacrificio. ¡Las adoro!

Hay mucha gente en España que me pregunta cuál ha sido el momento más bonito que he vivido en Malawi. Obviamente no acabo contando uno, sino varios.

Estas son sólo 3 vivencias que quedaron grabadas en mi mente y en mi corazón:

- A través de la ONG Active Africa, que estuvo de visita en Chezi, pude conocer el Malawi profundo, ya que me invitaron a visitar con ellas muchas de las escuelas que han creado en distintas partes del país. Un día fuimos a visitar un colegio al que, para llegar hay que cruzar un río que, dependiendo del crecimiento de su cauce, se puede cruzar o no. Lo increíble de eso es que en la otra orilla del rio hay 11 aldeas, además del colegio, que quedan totalmente incomunicadas del mundo cuando el río crece. Tuvimos que volver hasta dos veces para finalmente poder cruzarlo a pie. Cuando llegamos al colegio me impresionaron sus clases, llenas de ladrillos de aulas inacabadas que los niños utilizaban como sillas. Pero hubo algo que me hizo llorar de emoción y que se me quedará grabado en la retina por siempre. Una de las de Active Africa sacó una pelota de fútbol como regalo para el colegio. Cuando los niños que estaban asomados en las aulas vieron el balón fue como si en su vida nunca hubieran visto uno...empezaron a gritar de emoción, con esos ojos negros y grandes que los caracterizan, llenos de ilusión al saber que iban a tener un balón de verdad, y no uno hecha con barro, plástico y cuerdas para sujetarlo. Nos agradecieron tantísimo ese simple regalo que cuando ya nos íbamos y me di la vuelta para despedirme de ellos, habían salido de sus clases cantándonos una de las canciones más bonitas que jamás he escuchado. Esa visión de los niños, despidiéndose con la mano, cantando y los campos de trigo alrededor no se me olvidará jamás.

- Otra de las cosas que me llamó mucho la atención y que me hacía en parte mucha gracia era la fobia que los niños más pequeños de las aldeas me tenían por ser blanca. Tenían dos reacciones, o salían corriendo, o me tocaban el pelo y la cara sin parar. Pero hubo una reacción en concreto, que además tuve la suerte de grabarlo mientras me acercaba a la niña, que me conmocionó. Cuando me vio de lejos se quedó paralizada, sin moverse y con la boca súper abierta. Le saludé y me fui acercando poco a poco a ella con la mano extendida, cuando le toqué su manita, pegó tal bote y se le puso una cara de susto que salió gritando y corriendo hacia su choza. ¡Como si hubiera visto al diablo! Al final, después de un caramelo y un globo, ¡hasta me dio un besito!

- Otro de los momentos más emocionantes e impresionantes fue cuando visité el campo de refugiados de Dzaleka, en Malawi. Es increíble las condiciones en las que viven, las casas donde se apiñan varias familias, pero sobretodo pensar lo duro que tienen que ser para ellos no sentirse de ningún sitio y no pertenecer a ningún país en concreto. Ni siquiera a los niños que nacen en el campo se les da la nacionalidad malawiana, y además tienen prohibido salir de ahí.

En resumen, la gente malawiana es cariñosa, siempre con una sonrisa en la cara, amable, cercana...es verdad que hay veces que te miran con cara seria, pero en cuanto tú le sonríes es totalmente imposible que no te devuelvan la sonrisa, desbordan siempre energía y bondad.

Allí viven completamente el día a día, no existe el mañana sino el presente. Algo que pude hacer estando allí, no pensar en el pasado o en el futuro y disfrutar el momento. Os recomiendo llevarlo a la práctica si alguna vez tenéis la oportunidad.

Soy consciente de lo afortunada que soy. Consciente de que lo he vivido, aunque vuelva, hay cosas que solo se viven una vez. Consciente de la suerte de haber nacido donde he nacido. Consciente de las oportunidades que tengo en la vida. Consciente de todo lo que queda por hacer en países como Malawi y consciente de la inmensa suerte de haber conocido a personas y niños que me han hecho crecer personalmente, valorando lo que realmente importa en la vida. Tengo la gran suerte de poder decir que he aportado un pequeño, muy pequeño, granito de arena nada más y nada menos que en Chezi, con personas fuera de lo común.

Este tipo de experiencias no se cuentan, se viven.

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angelaparias

Realizado con el apoyo de

Misioneras de la Caridad

Ubicación

Mvera Mission, Distrito de Dowa, Malaui

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