Hambre a 5 minutos de mi Colegio Mayor

Madrid, Madrid, España1 DíaSemanalHambre Cero

Un poco de contexto...

Soy malagueña y me mudé a Madrid a un Colegio Mayor a estudiar la carrera. Siempre me ha gustado aportar mi granito de arena al mundo, por pequeño que sea. En mi tercer año, a principio de curso nos presentaron opciones de voluntariado: cuidado de ancianos, visitas a hospital, comedor social... Ya había hecho algún tipo de acción relacionada con ancianos y no sentía preparada para el hospital por lo que me decanté por la última. Así, empecé a ir todos los miércoles de ese año con una muy buena amiga a servir comida a más de 100 personas en tan solo unas horas.

Estaba muy equivocada...

"El comedor está en Ciudad Universitaria", "Sí, justo a 5 minutos del Colegio Mayor". Primera sorpresa. Jamás hubiera pensado que entre tantísimo joven afortunado se mezclaban cientos de personas en busca de un plato caliente.

La primera imagen que recuerdo era una cola bastante larga de personas de todo tipo, muchas de ellas, de encontrármelas en el metro, jamás hubiera dicho que asistían diariamente a un comedor. Segunda sorpresa.

¿Qué hacíamos?

En cada turno había diferentes roles: personal de cocina, personal de servicio, supervisor, etc. En mi caso, llegaba a las 12:30 todos los miércoles justo para el primer turno de comidas. Al llegar, los voluntarios de cocina ya habían acabado prácticamente su labor. Los encargados del servicio (éramos 4 voluntarios) montábamos las mesas, cortábamos el pan, llenábamos jarras de agua y organizábamos los sitios.

Una vez estaban todos los asistentes ubicados, empezábamos a repartir la comida, el miércoles solía ser el día de las lentejas o de los macarrones con tomate. Durante el turno teníamos que estar atentos a si algún comensal necesitaba agua o pan o cualquier cosa. Una vez acababa el turno cada uno dejaba su plato en cocina y se marchaba siempre con un GRACIAS en la boca.

Una vez limpias las mesas, dábamos paso al siguiente turno y así hasta acabar la cola que nos recibía en la entrada.

Todos tenemos una historia...

Mi tarea era siempre la misma. Aun así, cada día allí era muy diferente.

La gente que solía venir era más o menos la misma. La gente era muy respetuosa y algo que repetían día a día es que era el último lugar en el que les gustaría estar. Alguno te contaban su historia, otros no te dirigían la palabra, algunos te agradecían el plato 100 veces y otros miraban con cierta vergüenza. Todos estaban ahí por algo. Era gente muy distinta, me atrevería a decir que no había un perfil concreto.

Les sorprendía muchísimo que gente joven estuviera ahí repartiendo comidas. Muchos fueron los que nos decían que qué hacíamos ahí. Yo en esos momentos no sabía que contestar, ¿por qué estaba ahí?. Hacer voluntariado es mucho más que el hecho de ir a un lugar y desarrollar tu "tarea". Vivir un voluntariado así es imposible. Aunque no quieras, te cambia.

Me lo pasaba súper bien y era muy gratificante ver que la gente que venía también. Había días especiales, por ejemplo en Navidad donde dábamos turrón, mantecados, etc. En las campañas de recogida de alimentos, se daban también packs especiales. La verdad que era un tiempo que no me costaba "recortar" de mi agenda.

Siempre recibes más de lo que das...

Y qué gran verdad. Durante ese año que estuve yendo semanalmente, crecí mucho a nivel personal. Aprendes a salir de tu comodidad, aprendes que hay personas que no tienen tu suerte y que tú no has hecho nada para merecer esa suerte. ¿Por qué yo sí y ellos no? Es algo que siempre me preguntaba.

Creo que lo más importante que me llevé fue que aprendí a mirar a las personas con su historia, a no juzgar y a acoger al de al lado. Cuando conoces a alguien, en cualquier ámbito (laboral, amistades, voluntariados, etc.) hay que ser consciente de que es alguien viene de un contexto y de unas vivencias, y que la responsabilidad que tenemos para con el prójimo es inmensa. Lo que quiero decir es que, y así me lo transmitieron una vez, el hecho de ver a gente joven dándose a los demás puede ser un signo de esperanza para muchos. El hecho de escuchar a quién necesita ser escuchado puede ser de un valor incalculable. Que alguien que no conoces de nada te abra su corazón y te cuente, es impresionante. Yo me quedaba a cuadros. Escuché tantas y tantas historias... duras, muy duras y algunas que ojalá no viva nadie nuca. Yo creía que era gente que simplemente venía a comer, y yo, que simplemente repartía platos. Pero no. Ni ellos venían sólo a comer ni yo a repartir platos. En lo que a mí respecta, se trataba de acompañar y cuidar a quién lo necesita, en todos los aspectos.

Para mí hacer un voluntariado es mucho más que dedicar unas horas a personas con algún tipo de necesidad. Hacer un voluntariado es dejarse sorprender, impactar y cambiar por experiencias que hacen de ti una mejor versión y que te enseñan cosas que luego llevas a tu ámbito de actuación, tu día a día.

La Organización con la que colaboré...

La Organización con la que colaboré es la Pastoral Conjunta de Colegios Mayores y Residencias Universitarias. Es un grupo que permite participar en actividades de voluntariado a los residentes de Colegios Mayores de Madrid. Los voluntariados que ofrecen son de todo tipo y están orientados a jóvenes universitarios que quieren aportar su granito de arena.

Escrito por

Escrito por

Gema de Marcos Alés

Realizado con el apoyo de

Pastoral Conjunta de Colegios Mayores y Residencias Universitarias

Ubicación

Madrid, Madrid, España

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