Cómo Flores de Kiskeya me ha cambiado la vida

Anse A Pitre, Departamento Sudeste, Haití3 AñosDiarioFin de la Pobreza

En muy pocos días y tan lejos de mi ciudad me hicieron sentir como en casa y ser uno más de la familia de Flores de Kiskeya. Nunca olvidaré como todas las personas me cuidaron, se preocuparon porque estuviese bien e hicieron de esas semanas un punto de inflexión en mi vida.

PRESENTACIÓN

Para que podáis entender mi historia voy a presentarme brevemente. Yo soy Mario y me fui a Haití con 23 años en el verano de 2019. Un año antes de viajar a terreno sentí la necesidad de realizar un voluntariado o acción social que complementase mi día a día y organizarme para dedicar este tiempo a diario. En ese momento estaba viviendo en Madrid, tenía un trabajo relacionado con el mundo empresarial en el que no estaba nada cómodo, ni era reconfortante. Necesitaba que parte de mi día a día lo dedicase a un proyecto con el que me sintiera identificado y comprometido. En ese momento Flores de Kiskeya se cruzó en mi camino.

Flores de Kiskeya es un proyecto materno-infantil enfocado a la autonomía y desarrollo a través de programas de Nutrición, Salud, Educación y Empoderamiento. El trabajo lo desarrolla en el centro que tiene en Haití, concretamente en Anse-à-Pitres.

MI EXPERIENCIA COMO VOLUNTARIO (desde ESPAÑA)

En el verano de 2018 desde la organización buscaban voluntari@s para el departamento de gestión general, que debido a mi perfil era en el que más podía aportar. Contacté con Carmen y tras enviar la documentación necesaria y realizar un proceso de selección me uní al equipo de voluntari@s de Flores de Kiskeya que trabajan desde España. Tras unos primeros meses cogiendo la dinámica y colaborando se abrió el proceso de selección para el campamento de verano que se realiza todos los veranos en terreno. No lo dudé ni un momento y tras varias fases fui seleccionado junto a 5 compañeras con las que compartiría esta súper experiencia.

Así es como el pasado mes de julio de 2019 acudí a Haití, al proyecto que tiene Flores de Kiskeya en la localidad de Anse-à-Pitres y concretamente a realizar el campamento de verano junto con mis 5 compañeras. Está situado en el sureste de Haití, justo en la frontera con República Dominicana, donde el municipio más cercano es Pedernales y donde también pasé mucho tiempo de mi experiencia. Sin ninguna duda, estos dos sitios se convirtieron en mi día a día y en mi casa durante todo el mes.

 Flores de Kiskeya en la localidad de Anse-à-Pitres

MI EXPERIENCIA COMO VOLUNTARIO (desde HAITÍ)

Cuando acudí a terreno ya llevaba como voluntario casi un año y mis ganas por conocer el proyecto y a las personas eran muy grandes. Era inevitable tener expectativas previas porque fue un viaje que preparé durante mucho tiempo, conocía muchas cosas de Flores de Kiskeya y del centro, aunque solo por reuniones o información que me iban facilitando. A pesar de ello la realidad superó a cualquier expectativa que me pude hacer durante los meses previos de preparación, y la experiencia fue increíble y muy motivadora.

Mi día a día en terreno fue bastante dinámico, porque al ser el campamento de verano teníamos preparadas muchas actividades y juegos para cada día. Nos dividimos todo el trabajo y preparamos 3 grupos diferentes con los que dividirnos que fueron: mujeres, niños más grandes de 8 años en adelante y los niños de entre 3-7 años aproximadamente.

Campamento de verano, lleno de actividades y juegos para cada día

Por normativa y seguridad de la organización, dormíamos en Pedernales (República Dominicana) por lo que cada mañana cruzábamos la frontera para acudir al centro de la organización donde realizábamos todo tipo de talleres. Hacíamos una pausa para el almuerzo y luego para la comida y sobre las 5 de la tarde dábamos por finalizada la jornada y volvíamos a cruzar la frontera para volver a Pedernales. En estas horas no parábamos de reír, jugar, cantar, colaborar en lo que hiciese falta, conversar con las personas y yo sobre todo no paraba de aprender de todas las personas que forman esta familia.

Disfrutando del día a día

Tras varias semanas con esta dinámica llegaron los últimos días. Sin duda, notaba que algo de mi se quería quedar en Haití y República Dominicana. Cuando llegó el último día tuve muchas sensaciones diferentes y contrapuestas. Por una parte, de felicidad por todo lo vivido y los lazos creados en tan poco tiempo, por otra la pena inevitable de tener que irme. En este momento tenía seguro que en algún momento de mi vida volvería a visitar a mi familia de Flores de Kiskeya. A día de hoy no he podido volver, pero no porque no lo haya intentado. He intentado volver ya en hasta dos ocasiones, pero la primera por motivos personales y la segunda por la situación de pandemia mundial ha sido imposible. Sin embargo, esto no hace más que incrementar mis ganas de volver por lo que ya estoy pensando cuándo y seguro que será más pronto que tarde.

CAMBIO EN MI VIDA

Para que entendáis por qué Flores de Kiskeya ha sido el motor de cambio en mi vida, es porque me ha servido para entender en qué quiero dedicar mi tiempo, con qué personas quiero colaborar y en qué aspectos de mi vida personal y laboral quiero estar presente. Llevando estas palabras a hechos y la parte de realidad de mi vida, esto significó dejar mi trabajo relacionado con el mundo empresarial para estudiar y trabajar en temas sociales y educativos. Por ejemplo, he dado un giro radical a mi carrera profesional y ahora estoy vinculado al sector social donde ya he tenido la oportunidad de trabajar y ahora estoy realizando un máster en desarrollo y cooperación internacional.

Flores de Kiskeya ha sido el motor de cambio en mi vida

RECOMENDACIÓN

Por último, me gustaría animar aquí a todas las personas a realizar actividades sociales y voluntariados. Es verdad que nuestras vidas van muy rápido y muchas veces dejamos de lado este tipo de acciones porque no nos organizamos, pero siempre podemos sacar un poco de tiempo en cada día para involucrarnos en un proyecto. Desde mi experiencia, recomiendo también hacer algo que tengamos cercano en nuestras vidas, que no hace falta irnos lejos para involucrarnos. A veces no sabemos por dónde empezar porque hay muchas organizaciones o proyectos donde colaborar, pero podemos empezar por lo que tenemos más cerca y con lo que nos sintamos más identificados. Si luego podemos tener la experiencia de viajar a un proyecto como Flores de Kiskeya lo recomiendo totalmente, siempre que se realice una buena preparación antes de llegar a terreno.

ACTUALIDAD

Hoy en día sigo como voluntario en Flores de Kiskeya en el departamento de gestión general y he tenido la oportunidad de formar parte de la Junta Directiva desde hace unas semanas. Esto ha sido gracias al esfuerzo de estos casi 3 años donde desde el primer momento me he sentido cómodo, identificado con el proyecto y con muchas ganas de trabajar para que el centro materno-infantil de Haití siga funcionando y creciendo.

Por último, os dejo el contacto de Flores de Kiskeya para que podáis conocerlo un poquito mejor, y si cualquier persona que lea esto quiere preguntarme cualquier duda acerca de mi experiencia la resolveré encantado. A veces sólo necesitamos encontrar ese proyecto que nos motive, organizarnos para sacar ese tiempo que todos tenemos y empezar a colaborar.

Escrito por

Escrito por

Mario Nafría

Realizado con el apoyo de

Flores de Kiskeya

Ubicación

Anse A Pitre, Departamento Sudeste, Haití

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