Brazil - Construcción en las favelas con la ONG "Techo"

São Paulo, São Paulo, Brasil1 SemanaMensualFin de la Pobreza

Alrededor de 100 jóvenes nos reunimos en el patio de un colegio en Sao Paulo...  ¿Cómo acabé ahí?
El culpable es mi amigo brasileño Gustavo Novaes. Permitidme que me remonte al año 2010 . Gustavo y yo vivíamos en la misma residencia en París y además íbamos juntos a clase. Todas las mañanas pasábamos una hora en el metro juntos para ir a la Universidad. 
...Una tarde, bajé al salón común de la residencia y, en medio del caos propio de una sala con cincuenta personas, le vi en una esquina inmerso en un libro, ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Me acerqué movido por la curiosidad y vi que se trataba de“The End of Poverty”, de Jeffrey Sachs. Recuerdo que le pregunté que por qué no se subía a su habitación para estar más tranquilo. Como si no hubiera escuchado mi pregunta, me contestó: “Fuck Chema, this is so interesting”. Así, empezó a contarme cómo Sachs proponía acabar con la pobreza en el mundo. Habíamos abierto la caja de pandora, uno de las preguntas que todo el mundo, consciente o inconscientemente, se ha hecho alguna vez. Ese día me enteré de que Gustavo estaba enfocando su tesis en “Economic Development”  y que sabía bastante del tema. Eso nos llevó a varias horas de conversación que se pasaron volando. Algunos amigos de la residencia se unieron. Yo estaba sorprendido pues era una temática sobre la que no sabía nada. Esa misma tarde le pedí a Gustavo que me recomendara un libro, uno solo, el que más le hubiese marcado. Al día siguiente, él y Marta (otra amiga de la residencia que ahora trabaja en desarrollo en la ONU) aparecieron con “Development as Freedom”, del premio Nobel Amartya Sen. Fue el primero de muchos, y desde entonces gran parte de lo que leo está relacionado con el desarrollo económico. Es increíble la cantidad de estudios, información contrastada y de propuestas concretas que se han realizado por mentes privilegiadas y que aún así la mayoría de las conversaciones sobre la pobreza se quedan en las opiniones personales que cada uno tenemos. No nos parece importar qué soluciones parecen funcionar, porque la desigualdad económica en el mundo es algo que damos por sentado. Por cierto, a los que os interese, estaría encantado de recomendaros lectura sobre el tema.
Bueno, que me lío... este fue el inicio que explica cómo acabé colaborando con la ONG Un Techo Para mi País. Al acabar el curso me fui a trabajar ese verano a Sao Paulo un par de meses. Durante los fines de semana iba mucho a casa de Gustavo. Tuve la oportunidad de conocer a su familia y amigos... y otra gran parte de su vida; su trabajo. Gustavo trabajaba ayudando a Un Techo Para mi País.  Me contó lo feliz que estaba, cómo era su día a día y la increíble labor que estaba llevando a cabo Techo (Teto, como se le conoce en Brasil) en las favelas del país.

Recogiendo escombros al amanecer para limipar el terreno donde empezaríamos a construir

El siguiente fin de semana su equipo de Techo iba a construir a una favela al norte de Sao Paulo. Veintidós casas prefabricadas, veintidós cuadrillas de seis personas encargadas de construirlas. Cuando Gustavo me contó recuerdo decirle, "me encantaría ayudar”. Él me explicó que ayudar en Techo no era simplemente construir casas durante unos días, si no que la verdadera labor iba mucho más allá: conseguir financiación y patrocinios para comprar materiales de construcción, diseñar programas de reinserción social, establecer lazos con las comunidades y políticos locales para entender sus necesidades, y un largo etcétera.
Siendo honesto, sentí una mezcla de ganas de ayudar y atracción por vivir la experiencia. Me atraía conocer la vida dentro de una favela, hablar con las familias, experimentar qué sienten los voluntarios de Techo. Imagináos. De la nada, en tan solo unos días, dan hogar a familias que no tienen un techo que les resguarde cada noche. Gustavo habló con su amiga Carol, organizadora que lideraba esa construcción, y ella le dijo que no había problema. Así que me apunté.
Este fue el mail que recibí el día antes:

Mail recibido por el equipo de "Teto" que lidera las construcciones en Sao Paulo

Boletín informativo semanal de "Un Teto para meu País"

Ahora sí, retomo la frase con la que comenzó esta historia: Alrededor de 100 jóvenes nos reunimos en el patio de un colegio de Sao Paulo. Era un viernes por la tarde, ya anocheciendo. Llegué antes que Gustavo y vi muchos grupos de gente sentada en el suelo charlando. Me uní a un grupo que estaba hablando sobre la última construcción. Se les veía ilusionados, como el que sabe que en breve va a vivir una experiencia que le apetece mucho. Media hora más tarde estábamos montados en los autobuses de camino a la favela. Iba sentado con Gustavo, y le dije: "háblame de las favelas por favor, todo lo que sé es que son peligrosas y que hay mucha pobreza".  Y así, con historias de Gustavo se me pasó volando la hora de bus. Llegamos y tocaba organizar las camas... ¡todos al suelo!

Clase del colegio en la que dormíamos todos los voluntarios

Dormíamos en el colegio de la favela. Llegamos a la hora de cenar. Nos dividimos las tareas: algunos cocinaban la cena, otros ponían la mesa, otros descargaban el material de construcción del autobús, otros llenaban los cuartos de cartulinas con mensajes inspiradores...

En América latina, 80 millones de personas viven en situación de pobreza extrema

1 de cada 4 domicilios urbanos carece de infraestructura básica

4.8 millones de personas tienen renta mensual igual a cero y 11.43 millones de personas gana entre menos de 70,000 reales

Casi un 30% de la población urbana de Brasil vive en Favelas

Después de cenar, nos juntamos todos en el salón más grande del colegio y empezamos a hacer juegos por equipos. Era perfecto para conocernos. Que si cada uno coge a un compañero a caballito y carrera, que si todos a dar vueltas sobre un palo y luego a correr como pollos sin cabeza del mareo que teníamos. Muy divertidos, en una hora ya habías hablado y reído con muchos de los voluntarios. Luego nos sentamos alrededor de un fuego y nos pusimos a reflexionar. Sistema fácil, primera pregunta al aire ¿por qué estamos aquí? Fue de los mejores momentos del fin de semana, ver qué pensaban los voluntarios. “Estamos aquí como muestra de agradecimiento por lo afortunados que somos”, o “estamos aquí porque nadie en el mundo debería dormir sin un techo” . Charlando sobre estas reflexiones... se nos hizo muy tarde. Eran las dos de la mañana y a las cinco y media nos levantábamos para desayunar y empezar a construir. Me metí en mi saco, cerré los ojos y supe que no iba a ser nada fácil dormirme. Tenía la cabeza a mil, muchísimos pensamientos se atropellaban en mi cabeza. Eso sí, recuerdo perfectamente que al mismo tiempo sentía paz. Me había metido tanto en la dura realidad de la favela, que sabía que aunque de manera simbólica, iba a poder contribuir a mejorar su realidad. Con el tiempo, identifico que ese sentimiento me invade en los momentos en los que consigo "olvidarme" de mí mismo.
A la mañana siguiente, cuando ya estábamos listos para salir del colegio, nos dieron las camisetas de voluntarios y nos dieron un mensaje claro: “La favela es muy peligrosa, tenemos permisos para estar aquí y han avisado que nadie nos haga nada pero no os quitéis la camiseta, que siempre sea visible que sois voluntarios de Techo”.

La camiseta dejaba claro que éramos voluntarios de "Un Teto para meu País", para evitar problemas con gente de la favela

Techo había hablado con el líder de la favela para pedir permiso para entrar y desde hacía unas semanas, ir evaluando juntos qué familias necesitaban un techo con más urgencia. Nadie se mete en la favela como si nada, porque es muy peligroso.
Recuerdo que en el camino hacia la zona de construcción, un niño de no más de 10 años que estaba esnifando pegamento en una bolsa, se agarró de mi pierna y no me soltaba. No supe cómo reaccionar. El líder de mi cuadrilla le dijo cariñosamente que me dejara, le soltó y le llevo un rato en brazos. Y obviamente, le quitó la bolsa. Os prometo que esa imágen me ha vuelto muchas veces a la cabeza desde entonces. Y pienso en una frase que leí y que explica un poco por qué en las favelas hay niños destrozándose el cerebro con tan solo 10 años y nadie les dice nada: “Poverty is like punishment for a crime you didn't commit.”
Llegamos a la zona de construcción, tocaba ponerse manos a la obra. Nos dividimos cada cuadrilla en una zona, a mi me tocó esta:

Foto de mi cuadrilla con los hijos de la familia a la que estábamos construyendo la casa

Y en nuestros alrededores, unas vistas espectaculares de la favela:

Tiago sobre la estructura de lo que será la casa de su familia al final del fin de semana

Las casas son prefabricadas, pero de igual manera su construcción no es nada fácil. Se empieza allanando el terreno, para pasar a poner los cimientos. En cierto modo es parecido a la construcción de cualquier cosa importante en la vida... no puedes empezar, si las bases no son firmes.
Os dejo algunas imágenes de cómo iba progresando. Primero retiramos bultos, piedras, malas hierbas. Luego comenzamos a hacer los agujeros para los “pilones” de madera, que nivelamos con un método rudimentario, pero muy efectivo como podéis ver en la foto :)

Nivelación de los pilones a través de tuvos de plástico con líquido dentro

Haciendo los agujeros en el suelo que nos permitirían colocar los "pilones" sobre los que irían las estructuras

Terminando de colocar los cimientos. Midiendo una y otra vez para asegurar que no nos desviábamos

Jandira y yo arriba de la pared recién terminada para subir el material que iba en el techo

Durante la construcción los niños de la favela venían para jugar con nosotros o se quedaban embobados mirando.

Joao, el hijo menor de la familia, mirando fijamente cómo el líder de la cuadrilla construía lo que será su casa

Dibujando con los niños, en uno de los descansos del día

Unas horas más tarde, teníamos el suelo. Las familias de la favela nos cocinaron, y recuerdo que nos hicieron unos bizcochos que estaban buenísimos. Y luego, un helado con los niños.

Descanso de la cuadrilla disfrutando de un helado con los niños de las familias más cercanas

Aquí tenéis a nuestro líder de cuadrilla. Un cachondo, típica persona que tenía tanta energía que nos ponía las pilas a seis matados que mirábamos las herramientas con cara de para qué sirve esto. Es que es asombroso, llegas a un terreno bastante irregular, lleno de basura, y te dicen que en 2 días vamos a montar una casa.

No os quiero aburrir demasiado con la construcción. Pero os podéis imaginar, muchas horas de trabajo para construir una casa de quince metros cuadrados que dará cobijo a una familia de cinco personas.

Colocando los tablones de madera que sirven de paredes

Momento de asegurarnos que la estructura está en su posición correcta antes de proceder con la parte superior de la casa

Parte de la cuadrilla disfrutando de las vistas de la favela desde las estructura construida para soportar las chapas que hacen de techo

Parte de la cuadrilla terminando de colocar la chapa que protege de la lluvia el interior de la casa

Como os conté antes, la construcción de la casa es una fase más dentro del proceso de ayuda integral que Techo tiene planificado. Los objetivos de “Un Techo Para mi País” incluyen, además de construir casas y mejorar el situación de pobreza extrema en que viven las familias, sensibilizar y concienciar a los jóvenes voluntarios, con el fin de despertar el compromiso personal de continuar ayudando para mejorar la situación del país. Por eso, convivir con la familia durante la construcción se convierte en una parte clave de la experiencia, ya que permite conocerles, crear lazos, mientras compartes y ves de cerca la situación en la que viven. La convivencia con la familia, más allá de hablar, conocerse y almorzar juntos, significa que la familia se convierte en parte de la cuadrilla y trabaja al lado de los voluntarios, ayudando en la construcción.
Fue una experiencia increíble, una de esas que confirman que ayudar a los demás tiene como primera consecuencia, ayudarse a uno mismo.

Si queréis conocer más os invito a visitar su página web y podéis contactarme si tenéis cualquier duda. 
Cierro con la visión de Techo y algunas cifras de sus logros hasta hoy, que hablan por sí mismos:  
“Una Latinoamérica sin extrema pobreza, con jóvenes comprometidos con los desafíos propios de sus países, donde todas las familias cuenten con una vivienda digna y puedan acceder a más oportunidades para mejorar su calidad de vida”.

Estos son los resultados del trabajo conjunto entre jóvenes voluntarios y habitantes de asentamientos:

Escrito por

Escrito por

Chema Garilleti

Disfruto creando proyectos con buena gente. Ahora construyendo mapayuda.org 🌍

Realizado con el apoyo de

Techo

Ubicación

São Paulo, São Paulo, Brasil

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