Los ojos de la esperanza

Salamanca, Provincia de Salamanca, España1 DíaMensualSalud y Bienestar

Soy María Blanco, voluntaria de Cruz Roja en la Asamblea Local de Salamanca. La actividad que yo realizaba era la creación de lotes de bienes de primera necesidad y su posterior reparto.

Sinceramente, fue todo de una forma un poco peculiar, puesto que todo se dio a raíz de una llamada de teléfono que escuché de mi hermano Fabián. Hablaba con la sede de Cruz Roja acerca de un voluntariado y claro… yo quería servir de apoyo de algún modo a todas esas personas que estaban sufriendo tanto a causa de este duro desastre que nos azotaba.

Realmente no lo dudé ni un segundo, cogí el teléfono y llamé para ver en que podía ayudar y enseguida se pusieron en contacto conmigo para darme las directrices oportunas.

Justo en ese momento, comenzó una aventura que marcaría mi vida, con un poco de miedo, por supuesto, pero con mucho amor y con la promesa de que con gente como la que allí encontré un gran cambio si es posible.

La actividad voluntaria, sinceramente, era una auténtica locura, propia de la situación tan extraña y dura que vivíamos. Llegaban muchísimos camiones llenos de todo tipo de comida, artículos de higiene, productos de limpieza, artículos para bebés… Todo aquello que pudiera ser necesario para poder sobrellevar el día a día.

Nosotros, en primer lugar, desembalábamos lo que venía e íbamos creando lotes con las cantidades necesarias de alimentos tales como legumbres, leche, fruta, carne, etc. Cierto es que movíamos mucho peso, pero como bien es sabido “sarna con gusto no pica”. Los compañeros y coordinadores son realmente excepcionales y solo con pensar para qué y por quién lo hacía parecía que ya nada pesara.

Una vez realizados los lotes se iban acumulando y los compañeros los iban repartiendo, bien en la sede, o bien con las furgonetas al sitio que fuera.

Mi voluntariado también se basó en el reparto de estos lotes. Me hacía mucha ilusión aprender a hacerlo y me enseñaron de tal modo que ahora soy yo la que puede enseñar a nuevas personas voluntarias, lo cual me hace sentir muy orgullosa.

Pues bien, recogíamos los lotes que fueran necesarios para las familias que fuésemos a visitar ese día, que podía ser o bien por no poder moverse de casa por algún motivo o por estar contagiados de coronavirus o tener sospechas de estarlo.

Íbamos el conductor y yo casa por casa entregando “felicidad”, que era lo que se apreciaba en sus caras cuando, desde lejos, los veías recoger sus productos. Sinceramente, estas experiencias causan emociones muy fuertes y una gratitud tan real que te hace darte cuenta del valor de una verdadera sonrisa.

Una y otra vez diré lo mismo: no hay ni comparación entre lo que yo he aportado a todo lo que a mí me ha enseñado y lo que he sentido. Claro que tú das todo de ti y que te estás poniendo en una posición que no toda la gente sería capaz, pero… desde que llegas al voluntariado no te reciben compañeros, te recibe una gran familia dispuesta a ayudarte en todo sin pedir absolutamente nada a cambio. Aprendes a ver que no todo es de color de rosa, que hay gente que lo pasa realmente mal y que necesita ya no solo lo que tú le entregas, sino el calor de una sonrisa y un qué tal estamos hoy. Sus caras automáticamente cambian, es como que se crea un vínculo instantáneo.

Esta más que claro que esto es un giro de 180º, mira que yo soy empática, pero me di cuenta de que podía serlo aún más, realmente te ayuda a ser más de todo: amable, cuidadoso, bondadoso y muy atento.

Hago voluntariado porque me hace sentirme fuerte y valiente, que puedo con todo y que, si yo soy capaz de hacer todo lo posible por todos los que están a mi alcance, quizás alguien tome mi ejemplo, como yo lo hice, y hagamos de este un mundo mucho mejor.

¿Anécdotas? Hay miles, pero… Todo comenzó el Lunes de Aguas. Yo salía muy orgullosa de mi primer día de reparto y me pasé por una panadería que me pillaba de camino a coger un trozo de hornazo, que a mí no me gusta mucho pero cuando el destino tiene algo preparado no se le puede parar. Al salir, vi a lo lejos a un señor que parecía andar con dificultad e iba cargado con dos bolsas que me parecieron bastante pesadas. Iba haciendo paradas por los bancos para poder descansar un poco.

No me dio tiempo ni a pensármelo cuando quise darme cuenta de que estaba ofreciéndole mi ayuda a aquel señor. Me invadió el espíritu de Cruz Roja, así que, agarré sus bolsas y emprendimos el camino hacia su casa.

Me fue contando que era extranjero, que lo acababan de operar, que algo salió mal pero no le podían intervenir puesto que tendría que ir a Valladolid y no podía ir… Me contó cuestiones familiares que le partirían el corazón hasta a la persona más fría. Así que le hablé de los planes y ayudas que le podía ofrecer Cruz Roja.

Una vez que llegamos al portal vi que no tenía ascensor. Me ofrecí a subírselo hasta la puerta de casa, pero decía no querer abusar más de mi buena voluntad y disposición.

Cuando me iba a despedir, y sin que me diera ni tiempo a terminar de decir la frase, de sus ojos verdes comenzaron a brotar lágrimas, una mezcla de felicidad, tristeza y gratitud que provocaron un torbellino de emociones por todo mi cuerpo.

Aunque no vuelva a ver a aquel hombre, su mirada nunca se borrará de mi memoria ni de mi corazón. Aquel hombre, sin él ni siquiera saberlo, me dio una de las lecciones de vida más importantes que alguien me podía dar.

Pero en Cruz Roja también nos reímos. Mucho. Hay un momento, de hecho, que me hizo reír a carcajadas. Toda la actividad de creación de lotes seguía su curso y llegó el momento del merecido descanso. Entonces, Carlos, el coordinador, y yo, nos pusimos a bailar una bachata mientras el resto de nuestros compañeros se reían y nos animaban. Fue uno de los momentos más divertidos que he tenido allí.

Sé que ni Cruz Roja se olvidará de mí ni mucho menos yo de ellos. Quiero agradecer en especial, tanto a la Asamblea Local de Salamanca como a la de Madrid, todo lo que me han aportado y todo el tiempo compartido.

Os dejo el enlace al vídeo de mi historia " Peones" dentro del proyecto "Encrucijada" una serie que presenta las historias reales de algunos voluntarios de Cruz Roja.

Escrito por

Escrito por

Maria Blanco

Realizado con el apoyo de

Cruz Roja

Ubicación

Salamanca, Provincia de Salamanca, España

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