Paraguay con la Fundación Spínola Solidaria

Asunción, Paraguay2 MesesEducación de Calidad

Durante los meses de julio y agosto en 2016 viví una experiencia de voluntariado en Asunción (Paraguay), de la mano de la Fundacion Spínola Solidaria, una ONGD cristiana, que promueve el acceso a una educación integral, desde el carisma Spínola a los más desfavorecidos, como forma concreta de transformar a la persona y así a la sociedad.

La misión de este voluntariado pasa por prestar apoyo escolar a los niños que viven alrededor de la sede de la Fundación, o bien a los alumnos de los Colegios que la Congregación tiene en estos lugares. Es un proyecto centrado en la educación de los más pequeños.

Esta experiencia la viví en comunidad, es decir, fue una misión compartida con un grupo de jóvenes que venían de distintas partes de España y que pude conocer gracias a un proceso de formación previo que ofrece la propia Fundación.Además, teníamos un contacto diario con las Hermanas de la Congregación que viven allí y con las cuáles compartíamos ratos en las comidas y celebraciones y nos iban acercando a las complejas realidades de las familias del barrio.

Antes de entrar en detalle, me gustaría contextualizar un poco el voluntariado.

El barrio de Asunción donde se desarrolla este proyecto es el Bañado Norte, una zona que sufre inundaciones con frecuencia al estar rodeada por un río que, cuando llueve con fuerza, experimenta unas crecidas que hace que rebose y se inunde todo lo que hay alrededor y, en nuestro caso, el barrio dónde está la sede de la Fundación. Es una situación compleja porque cada vez que ocurre están situación, las familias se ven en la obligación de abandonar su casa completamente inundada y establecerse en unas casillas que construyen como puede con materiales como bolsas de basuras o chapitas de maderas alrededor de las casas más altas a las que el río no ha llegado. De hecho, alrededor de la casa de las Hermanas, había varias casillas con familias viviendo. Si abrías la ventana, entrabas en la “casa” de otra persona. Creo que esa es la realidad más dura de Asunción, o por lo menos la más llamativo.

Niños del Bañado Norte jugando al atardecer.

Otro aspecto importante a destacar del barrio es que la mayoría de las familias se dedican al “reciclaje” o, mejor dicho, a la recogida de basura. Cuando bajas por primera vez al Bañado, no te deja de sorprender la cantidad de basura que hay y a los niños correteando por ahí descalzos... aquí sería impensable.

Por último, decir que el lugar dónde se desarrolla el voluntariado es un Colegio de la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón, pequeñito, para niños de cuatro y cinco años de edad. Este Colegio no recibe ninguna subvención por parte del Estado, por lo que se financia exclusivamente con el dinero que le llega de los proyectos de lleva a cabo la Fundación Spínola Solidaria. Gracias a ello, muchos niños alumnos del Colegio comen al menos una vez al día.

Fui con una comunidad desde España. Un grupo de jóvenes de distintas partes de España con buena sintonía y ganas de hacer muchas cosas. Un punto a favor fue que todas ya nos conocíamos gracias a la Formación previa que desarrolla la Fundación, con el objetivo de que los grupos se conozcan, además de ir formando, avisando y preparando con las cosas que allí te vas a encontrar. También tengo que destacar a la Comunidad de Hermanas de allí, con las que compartimos prácticamente todo: comidas, celebraciones, lavandería, baño... Sin ellas toda la misión se hubiera reducido a algo mucho más pequeño. Gracias a ellas pudimos conocer la verdadera realidad que se esconde detrás de cada familia, su historia, y de una manera muy sencilla nos fueron acercando a la vida del Barrio y de su gente. Allí las Hermanas son muy queridas y la gente del Barrio acude a ellas cada vez que tiene un problema.

Nuestra misión era la de dar clases de apoyo escolar a los niños del Barrio y algunos alumnos del Colegio de allí. Teníamos tanto turno de mañana como turno de tarde. El apoyo era de varias asignaturas: matemáticas, ciencias sociales, lengua... Un día lo reservábamos para hacer talleres, una dinámica diferente y más prácticaa través de la cual pudiéramos enseñarles otras cosas también importantes. También hacíamos días de cine fórum. Nuestro gran reto fue representar el musical de “El Rey León” con ellos, fue muy divertido y salió algo precioso. En los ratos libres entre clase y clase disfrutábamos todos juntos jugando al fútbol, bailando...

Jugando con los niños del apoyo después de las clases.

Otra misión que nació allí dadas las circunstancias concretas que había en ese momento en el Colegio fue la de acompañar a la nueva profesora de infantil en sus clases, ser su apoyo. Además, participábamos en toda la vida activa del Colegio: día de Paraguay, día del niño, fiesta de Spínola Solidaria, día de la amistad... En Paraguay, ¡siempre hay algo que celebrar!. Por último, también colaborábamos en las actividades que organizaba la Parroquia, concretamente nos incorporamos al equipo de catequistas que llevaban los grupos de jóvenes de allí.

La sensación es que cada día podía surgir cualquier evento nuevo, o cualquier situación imprevista. Había que ser muy flexible y estar dispuesto a todo, sin reservas. La pena es que el tiempo se pasaba volando y siempre querías más...

Recuerdo las clases con mucho movimiento, ajetreo... De repente un día te venían 20 niños, y al día siguiente 70... tenías que estar preparado para todo y saber sacar soluciones al momento. Hubo niños que me sorprendieron mucho, que experimentaron un crecimiento enorme en apenas dos meses... Johan, un niño que no sabía leer con diez años, aprendió a reconocer las letras, a unir sílabas y a comenzar a escribir. He sido testigo de cómo el cariño es capaz de transformar y sostener al corazón más duro o más rebelde. El poder del cariño no tiene límites...

Otro momento del que yo disfrutaba enormemente era el que surgía después de terminar las clases. Los niños nos pedían que bajáramos con ellos al Barrio para enseñarnos sus casas y presentarnos a sus familias. Nosotras, todas las tardes, les acompañábamos... Al principio, era un choque. Llegabas y la mitad del Bañado estaba inundado y la otra mitad tenía basura por todos lados. Pero ese era su hogar, el de los niños con los que todas las tardes compartíamos risas y enseñanzas, y que nos hacía tanto bien a todos. Con el paso de los días, el Bañado fue también nuestra casa, nuestro lugar de encuentro con la gente de allí. Se podían adivinar contrastes que en mi vida había percibido... basura y un amanecer con todos los colores que te puedas imaginar. Lo feo y lo bello juntos en una misma estampa. también nos sorprendías los contrastes de quien vive con poco, pero es inmensamente feliz, del que disfruta de lo sencillo, del que está orgulloso de sus raíces, del que se sabe humilde y lo muestra.

En los últimos días de experiencia fuimos a visitar las Cataratas de Iguazú. Un milagro de la naturaleza que no hay que dudar en ir a verlo... Impresionantes. Creo que es algo que te ayuda a entender todavía más la riqueza oculta que guarda esa tierra. También tuvimos una excursión a las ruinas jesuíticas del Paraguay. Es una parte fundamental de la historia de ese país. Para mí fue algo completamente inspirador.

Las Cataratas del Iguazú desde la parte brasileña.

Mi aprendizaje de este voluntariado

Si hay algo que he podido aprender en mi estancia allí es que todo lo vivido no puede quedarse en una simple experiencia, en algo aislado o que “fue bonito mientras duró”. Esto va de salir al encuentro, de encontrarse con uno mismo y aprender, todo lo que puedas, para que cuando vuelvas a “tu casa” se note en algo aquello que has vivido, has tocado y has pensado. Va de darle un sentido diferente a tu vida, de mirar con otros ojos, mucho más profundos, el mundo que te rodea. 

Ha sido una experiencia llena de aprendizajes, donde el “tú” se hace más importante que el “yo”, y de la que, sin duda, acabas sacando claves que son ahora pilar fundamental en mi vida y que te invita a mirar con otros ojos tu realidad de aquí. Es una vivencia que va de aprender, de encontrar y de encontrarse a sí mismo... Un viaje a “tus” márgenes para después volver.

Sí. Creo que siempre se aprende algo nuevo o, al menos, debes ir siempre con esa intención. Nunca es tarde para encontrarse y colocar tu vida del derecho... ¡es hasta necesario!

Una tarde después de las clases con los chavales del barrio. 

Escrito por

Escrito por

maugegomez

Realizado con el apoyo de

Fundación Spínola Solidaria

Ubicación

Asunción, Paraguay

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